El templo
vaciado
Foto: Liliana Muente
en la rampa del Centro
Pompidou.
Ven, subamos
juntos donde Apolo musita el himno
con su hosca voz de sudor
y pigmento
donde fabrica las
junturas
y deconstruye el
tacto,
el santuario de los pasos
perdidos
espera el ámbar de tus
ojos
para rebuscar en ellos
cualquier huella
que nos lleve de vuelta a
casa
allí donde el pan de la
abuela
tenía la tersura rizada
de Rembrandt
donde las sábanas olían a
mirra
las esquinas eran
límites, la sangre breve
y la armonía
consuelo.
Ven entonces,
subamos
a comprobar que nietos ya
más nunca
ni aún avecillas que el
cielo cuidara
con el halo de Mantegna o
el oro de Klimt,
que sólo habitaciones
clausuradas
donde palpar la luz por
las rendijas.
Amigo, llega sin
temor
aquí arriba el paisaje
cede
con la vibración de la
belleza huída
y la desolación parece
resultado del incendio
y no su
penitencia.
Bienvenido al altar de lo
Ausente:
deja tus hilos en la urna
de los títeres
y descansa de todo lo
aprendido.
······
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